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Patricia Díaz Bialet - El hombre del sombrero azul (1998)
2008-11-09 |
El hombre del sombrero azul
Patricia Díaz Bialet
Buenos Aires, Dunken, 1996 / 1998
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EL FUEGO NATURAL
“El hombre del sombrero azul marca una estética que indudablemente le es propia a Patricia Díaz Bialet. Es allí donde Ella habita como un temblor errante que de pronto se adueña de realidades sin tiempo, de relámpagos existenciales que tal vez se abren a distintas edades, embistiéndose unas a otras como un reloj de doble esfera que desanda eternidades a veces o hechos recientes o futuros en medio de imágenes con sobresaltos -surrealistas, ultraístas, creacionistas- conviviendo como si el espíritu del Dr. Freud combinara la inconciencia con la conciencia de Díaz Bialet. “Si una gota de tu sangre volviera a mi cuerpo / sacaría de él una costilla de polvo / para crearte a mi semejanza.”
De esta conjunción de cosas y palabras surge una biografía hacia el futuro, apoyándose en una enajenación creativa y voluptuosa que al fin y al cabo expresa la razón bíblica de la vida -una vida hecha de acontecimientos y sueños sorpresivos que se adueñan de su poética con su conocimiento expreso. Tal vez daguerrotipos tomados hacia lo que vendrá. “Porque la poesía se distiende en mi memoria como una muñeca incompleta.”
Ambivalencias de sentidos opuestos, de visiones expresionistas, porque Ella, como todo poeta, habla de sí y construye una trama donde la pasión de las palabras tiene un sentido operístico que responde al fuego natural de la existencia y que hiere dulce o violentamente a los vocablos según enseña Herbert Read al describir la poesía contemporánea: “Entonces la poeta se viste de hierbas y así vuela con guantes y alhajas inmateriales cuyo ropaje le inyecta sangre de fantasía, y al estallar cósmicamente se transforma en una viajera vuelta hacia su propia contemplación y todo lo que ella implica”. Es decir el autor frente a su Creación. “Y conservábamos las manos limpias. / Y el cine nos parecía una máscara de humo.” (...) “Ahora sé que mis poemas/ tienen la música de los recuerdos anteriores a mí.”
[Atilio Jorge Castelpoggi, Contratapa de El hombre del sombrero azul, 1998]
SABOREAR EL MANJAR
“Tenemos ante nosotros el sexto libro de Patricia Díaz Bialet, en una segunda edición: El hombre del sombrero azul.
Más de ochenta poemas. Un verdadero torrente de palabras en que la poeta, dinámica y vital, se vuelca generosamente.
Se nos presenta la imagen de un “pelotero”, ese juego de última generación en que los niños se sumergen, dueños del tiempo, el espacio, los colores y los sueños. Imaginamos a Patricia Díaz Bialet sumergida en un mar de palabras variopintas, libre y feliz, porque todas las palabras son suyas y con el poder de la creación, con ellas juega, teje y desteje, construye, dibuja. Las imágenes le nacen, combinando color y sonido, ritmo y significado. Entonces dice: “Tu mirada impecable como una amatista”, “...los guitarristas de manos de veinte suspiros”, “manantiales con aguas duras como poetas indescifrables”. A veces empuña la tragedia: “La garganta ahorcada del silencio / La mirada de hierro del los sepultureros”
Es preciso internarse en las páginas suculentas de El hombre del sombrero azul, lentamente, con la atención en ristre, dispuestos a saborear el manjar intelectual que Patricia Díaz Bialet nos brinda.”
[María Emilia Pérez, Revista El Grillo, N° 23, 1999]
LA POESÍA SE TOMA SU TIEMPO
“Y conservábamos las manos limpias. Y el cine nos parecía una máscara de humo”. Patricia Díaz Bialet traza algunas imágenes con precisa conjunción poética: definición y revelación parecen fundirse en un estilo seco, despojado de amaneramientos, sugestivo y filoso. El amor, la primera persona que lo refiere, son algunos gestos existenciales de una poesía que sin embargo se toma su tiempo para la ironía, como “En ciertos actos literarios”, donde dice: “Los sobrevivientes tratan de asirse al salvavidas (...) / Mostrarse / Siempre mostrarse como una exquisitez inalcanzable (...) / Mientras los mozos se deslizan acompasadamente / por entre las mesas de aburrimiento”. Las imágenes urbanas frente a los semáforos, un kilo de carne o las prostitutas son expresión poética para una autora que no desdeña sin embargo el tono clásico, contenido, ni el acento mordaz frente a algunas evocaciones: “Mi novio es una pluma estropeada por la lluvia / Una fecha incorrecta / Un insecto confundido / El incauto duende de mi novio pierde su tiempo / Intenta enamorarme”.
[Guillermo E. Pilía, La Plata, Diario El Día, 1999]
Poemas de: EL HOMBRE DEL SOMBRERO AZUL
LA FUGACIDAD DE LAS LUCIÉRNAGAS (XXXVIII)
Mendiga entre los pobres
voy recorriendo las estaciones de un pueblo deshabitado.
He probado hacer el amor con novios anteriores.
Nada más molesto que un papel usado para limpiarse la boca.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul]
YO TENÍA UN NOVIO MUY PARECIDO A HUMPHREY BOGART
Yo tenía un novio muy parecido a Humphrey Bogart.
Cuando cruzaba las avenidas
los automóviles guiñaban desprejuiciadamente
y sonreían los transeúntes sonrisas de fieltro ahuecadas por la envidia.
Cuando miraba los periódicos bajo la lluvia de junio
los vendedores encrespaban sus cabelleras
y escondían a sus mujeres bajo los papeles de hielo de la escarcha.
Los mozos apuraban el paso como pájaros nerviosos
y volcaban el café sobre mis polleras
o respiraban cada vez más silenciosamente para poder observarlo
como a esos animales salvajes a los que no queremos provocar.
También yo detenía el movimiento de repente si él lo deseaba
y volaba en aviones nocturnos para poder llegar a oscuras a su departamento.
Era un novio imposible de conquistar.
Adiestrado para la vida infinita de la lejanía.
Documentado en los libros de rarezas terrestres.
Con ojos de pez fantástico nadando sobre mi estómago.
Bajo la música acalorada del verano
yo festejaba su traje negro y me refregaba los ojos.
Yo tenía la costumbre de enamorarme de aquel hombre
que sepultaba su razón bajo siete candados
y se esforzaba por comprenderme.
Alguien con tajos abismales y caricias ásperas como el contrapelo de los arbustos.
Un hombre de tinte aristocrático y popular.
Nada más que su cuerpo existía para mí.
Nada más que su boca sobre la caverna de la pasión de donde había salido.
Y mis gafas oscuras.
Y mis deseos de morir solamente para antes recordar su nombre de origen seco y colorado.
Pero así suceden las grandes amenazas de la vida.
Así las trampas con sus veinte dedos de pulpo hipnotizándonos.
Así los cuerpos que se contorsionan como un acróbata en peligro.
Así las temperaturas altísimas de la fiebre
que causa saber que esto también pasará y nos dejará a un lado.
Así los hoteles visitados con frecuencia que nos observan incómodamente
porque ellos también intuyen los lujos de la soledad que siempre nos acompañan.
Así los cafés servidos en la mañana fría
después de la pesadilla diaria de despertar a la incertidumbre.
Así la llave que sostuve
y la puerta entreabierta del cariño enraizado en el sudeste.
Así los ómnibus incómodos para las tertulias de la noche.
Así los poemas escritos con un lápiz labial
en el camino a casa en el otoño.
Así el recuerdo de un overall manchado por la caricia de mi voz
a través del viento de la avenida que da al mar.
Así los sueños inquietantes de la siesta
o la quietud con que logramos amarnos en menos de unos pocos minutos.
Así las cartas no escritas y pensadas cientos de veces.
Así los libros secretos de mi angustia.
Así los golpes inesperados que nos reserva el enemigo.
Así la valiosa noticia de su casamiento.
Yo tenía un novio muy parecido a Humphrey Bogart.
Un hombre con quien todas deseaban casarse menos yo.
Ahora sé que el valor de lo que nos sucede
no cambia a pesar de los años.
Solamente la cicatriz de la distancia nos impide volver.
Recuperar lo que creemos perdido
o resucitar a los muertos.
Solamente la melodía metálica de los demás nos prohíbe regresar
y tomar lo que nos corresponde.
Decir esto me pertenece.
Yo soy su dueña.
Pero no hay nada que hacer ante las ambiciones burguesas de los otros.
Nada que hacer en contra de la desesperación
que sufren en extremo ciertos hombres.
Nada que hacer ante el anhelo insuperable de los hijos.
Absolutamente nada que hacer.
Aunque lloremos a viva voz
o traguemos el dolor como la bebida amarga de los marineros.
Aunque reanimemos a los moribundos
nada podremos hacer en contra del destino.
Ayer he visto por última vez a ese novio
tan asombrosamente parecido a Humphrey Bogart.
Y lo único que puedo darle ahora
es el verso contundente de mi corazón vagabundo.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul]
MI SED INAGOTABLE
Para mí la vida es una tormenta.
La boca amarga del vino y de la furia.
El latido indiscutible del silencio.
Para mí la vida es un espejo hecho trizas.
El encuentro con el fuego opaco de tu cuerpo.
Un relámpago de seda.
Un tedio atrevido.
El gesto de mi nombre navegando como un transatlántico sobre la enormidad de tu espalda.
Para mí la vida es un disfraz sofisticado.
Una pertenencia inconquistable.
El sucio plato de donde comen los que han fracasado.
Tu cara de marfil derrumbándose antes de que pueda alcanzarla.
Para mí la vida es un presagio roto.
Un jarro de plata entumecido por los años.
Las ruinas de lo que fui.
El péndulo del error mostrándome al hombre equivocado.
Pero es todo lo que tengo.
La moneda de oro de mi sed inagotable.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul]
COMO LOS GATOS
Caigo siempre de pie como los gatos.
Pero no tengo su misma suerte.
Ellos no saben del amor subterráneo de los deseos impuros.
No sospechan su desazón en el imán apesadumbrado del abismo.
No tengo su misma suerte.
A mí me ubican frente a los estrados
y me acusan de ser cruel y acostumbrada al dolor.
Sin embargo
sonrío mágicamente después de las despedidas
y caigo de pie como los gatos
una vez más.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul]
EL HOMBRE DEL SOMBRERO AZUL (I)
Siete noches esperando.
Largas veladas dilapidando el champagne oscurecido del deseo.
Veo camisas desatadas
y tus manos rugiendo como el témpano de mi niñez.
Veo pasar los rostros clandestinos de los malvivientes
y las mujeres encerradas en el nylon impiedoso.
Veo semáforos ligeros para los acompasados delirios de mis sueños.
Siete noches esperando
en este siglo inmóvil
de la desolación.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul]
LOS PLAGIOS
A la gente que plagia mis poemas le advierto que se cuide.
De tanto imitar mis pasos
podría caer hipnotizada por la belleza
y correr el riesgo de sufrir el mismo movimiento de mi vida.
A nadie creo que le gusten las áridas tierras en donde acosan los leopardos.
A nadie creo que le convenga la espuma confusa de los recuerdos perdidos
ni la búsqueda incomparable de mi otro cuerpo transparente.
Porque sólo yo he declarado la guerra a lo que nadie percibe.
Sólo yo conozco mis vacíos lamentos de reyes engañados
o recobro las sutiles víboras de humo que hacen nudos en mi habitación.
Sólo esta casa pertenece al dolor
o puede hacer alarde de la suave sepultura de todos mis hombres.
Por eso les prevengo buscar el ancla de los buques hundidos
o revisar tarjetas postales escritas por alguien ya muerto
o robar líneas intrascendentes de los artículos de moda
o palabras intoxicadas por la fama.
Abran periódicos para incautos
y retiren lo que tenga valor si es que lo encuentran.
O coleccionen diccionarios
o compren libros por kilo.
Pero les advierto que se cuiden.
Qué sabrán ellos de la trama sobre los bordes de mi corazón
o de la gota de jerez que conservo sobre el vestido de mis antepasados.
Qué sabrán ellos de la precaria razón para mi soledad
o del platillo volador con quien me encuentro en el secreto rumor del otoño.
Qué sabrán de mis inviernos inestables
o de los nísperos tendidos sobre la bandeja de la memoria.
Qué sabrán de la marca de la locura que llevo sobre la frente
como una pincelada de aceite
desafiando el placer inexplicable de las religiones.
Qué sabrán de los objetos cristalizados en el hielo.
Pues ni siquiera han entrado a esta casa
y mucho menos han podido penetrar en la penumbra de mi pensamiento.
Qué podrán entender de la constante guerra de mis amantes
si no han comprendido el amor.
Por eso les advierto que cierren sus habitaciones
y prefieran la oscuridad de la codicia
o que midan su estatura frente a los espejos de sus propios laberintos.
Bastante pena tengo por haber nacido.
No quieran enfurecerme con torpes celos enfermizos.
Quién podrá copiarme en esta desventura de no encontrarte.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul]
ECOS DE CARNAVAL
El imperio del carnaval irrumpiendo en las calles.
Y unos cuantos juguetes de latón arrojados como billetes de fantasía.
Una capelina con señal de decadencia.
La plaza como una fruta abrillantada.
Aros de carey sobre la mesa del olvido.
Hay también un insecto revolviendo la basura de los pobres
y el cuchillo del alcohol venerando a los miserables.
Una tarde en la que todos duermen
excepto la lámpara barrosa de mi cuarto.
Porque soy la parte inmóvil de la bailarina.
Ella cae sobre su cama como un ancla
mientras yo escribo el regalo de mi impotencia
y me cubre un cuerpo de cera.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul[
EL HOMBRE DEL SOMBRERO AZUL (II)
También la fragilidad se hereda.
Las demoras del amor y los lujosos aceros de la magia.
Todo se desliza como un polen salvaje sobre el tiempo.
Me levantan para que hable de mi vida
y sólo reconozco lo que me han acercado a la boca.
Porque los males también se heredan
y son medallas invisibles que se vuelven en contra de nosotros.
La sed por lo que bebimos antes de llegar a la tierra.
Los símbolos incomprensibles del dolor.
Las apartadas islas de la imaginación.
Todo se hereda.
Y es gruesa nuestra piel como los dedos de los pulpos.
Sin embargo quiero más de mi lento paso de diamante.
Más de los circos itinerantes que exhiben tu cara por sobre el hielo estupefaciente de los acróbatas.
Más de lo que merezco.
Más del vino áspero de la muerte.
Más de los complejos nudos de las casualidades.
Más de aquel hombre.
Quiero más de los faisanes servidos para la gula de los comerciantes
y más aún de aquella escalera que subí para encontrarte
o para ver tus huellas en el oro que cubría los trofeos.
Más de tu tiempo hacia atrás - exactamente tres años y medio.
Quiero más de ese designio inconstante
y más de las piedras del fondo del océano que asusté con mis manos enguantadas.
Más de las playas en donde besé a hombres increíbles.
Quiero tu cuerpo para enloquecerme más aún.
Y la talla de tu cintura de títere manso.
Como la ciruela amarga del cine quiero que seas.
Como el halcón ciego derrumbándose.
Como lo que resuena detrás de tus ojos
allí donde la sangre fluye sabiamente
y los médicos no pueden llegar jamás.
Como tus piernas sobre la piel de los potros
o tus brazos inofensivos.
En realidad como la fusta enrarecida de la ira quiero que seas.
Con nariz de pájaro oculto y cicatrices visibles solamente a mis ojos.
Como el inquietante olor de los cementerios quiero que seas.
Como las ostras de los desiertos
o la horrenda lluvia de los páramos.
Como un disparo impredecible en la madrugada.
Quiero que seas una puñalada interminable dentro de mi corazón.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul]
LA PUNTADA PENETRANTE DE LA POESÍA
De una vez por todas hagamos algo de valor.
Arrojemos al fuego el traje inservible de poeta,
los anteojos opacos de la literatura de molde,
las estupendas manoplas de la estupidez.
Que nos perfumemos solamente con el aire.
Que nos arranquemos la sudorosa piel de los halagos.
De una vez por todas hagamos algo de valor.
Un canto que reanime a los muertos
y pase su llamarada por sobre el letargo de los escritores.
Algo de valor.
La lucidez de la poesía.
La intuición de las palabras arrojadas desde la garganta del misterio.
Basta de las rondas nocturnas
en donde se lucen las ropas más que las genialidades.
Estoy cansada de los pobres lectores confundidos.
Ante el poema
quedar encorvados como el cuello de un cisne.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul]
BILLIE HOLIDAY
Escucho a Billie Holiday junto a un cuadro de Manet sobre la mesa.
De los pueblos distantes me han traído los mejores frutos.
Sólo Dios sabrá dónde se encuentra ella ahora.
Pero es verdad que también me pertenece.
Para concebir cantantes así
se necesita cierta valentía de pensamiento.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul[
LOS OÍDOS DE MI NIÑEZ
Yo nací cuando la música se rebelaba como una perla en las manos de una reina.
En la época en que el miedo retrasaba su herencia
y las quimeras se conservaban todavía frescas.
Veía pasar las piernas de los hombres
y sus negras cabelleras de búho en la tormenta.
(Y eran de los otros las acusaciones y las calumnias.)
Nací el día en que John Lennon se alejaba de las multitudes
y las voces de Supertramp se erguían para acusar a los desafinados.
Nací cuando Astor Piazzolla era un hombre joven
y las leyendas de Charles Aznavour y Los Plateros se volvían más deliciosas aún.
Recorrí los tributos a Fred Astaire
y los muslos de seda de Cyd Charisse.
Nací cuando Freddy Mercury no soñaba aún con su muerte
y Antonio Carlos Jobim embalsamaba a las mujeres de Ipanema.
(Tenía vestidos de gamuza para el invierno de Buenos Aires
y sobretodos de hiedra amenazados por la indiferencia.)
Yo nací cuando la política era algo secreto.
Entonces pasábamos las noches de los sábados bailando desenfrenadamente
y hacíamos promesas de amor después de las tres de la mañana
y encontrábamos el hilo transparente de la pasión
desatando nuestra ropa bajo el umbral de alguna casona antigua.
Y conservábamos las manos limpias.
Y el cine nos parecía una máscara de humo.
Éramos cristalinos como el agua del aljibe
y montábamos potros con la facilidad de la lluvia caída sobre la playa.
Nos refugiábamos en los cuerpos pequeños de los hombres.
Nos entregábamos al alcohol
y luego dábamos vuelta la espalda.
No voy a decir que nada nos costaba.
Voy a decir que viví demasiado.
Voy a decir que no conocí a Bach hasta hace poco.
Voy a decir que caía de rodillas ante las trampas
y luego recobraba el aliento.
Y que la edad no era una enfermedad incurable.
Voy a decir que el tiempo me sobrepasa.
Cómo no recordar la noche en que los automóviles fueron celdas con luces encendidas
y descubrí que te amaba.
Cómo no recordar la permanencia de la madrugada debajo de tus ojos
y mi cuerpo jadeante frente a las delicias de la cena.
Pero tú has podido olvidar el gusto del salmón
y las enfermedades de mi adolescencia.
En cambio yo continúo con mi vida o corro hacia atrás.
Puedo hacer lo que me plazca.
Porque la poesía se distiende en mi memoria como una muñeca incompleta.
Repara mi dolor con vendas ajadas
y me seduce otra vez.
Ahora estoy de pie frente a tu departamento
robando las llaves del misterio
o acariciando una guitarra vacía
o quizás aprobando la velocidad de tu astucia.
Ahora estoy rasguñando las piedras de Sui Generis
o cavando la pared de Pink Floyd
o maniobrando en los ríos oscuros de Louis Armstrong
o cayendo por el aljibe de mi niñez.
Aunque es doloroso el encuentro después de tantos años.
Es doloroso repetir las palabras de nuestra contraseña
y saber que no quieres mirarme de frente
ya que te acercas a la furia de tu propio verdugo
y no tienes nada en las manos que pueda hacerlo más bondadoso.
Yo nací cuando la voz de Marilyn Monroe era un lamento.
El poeta Vicente Huidobro ya había resucitado
y Shakespeare continuaba viviendo.
Nací cuando Brasil era un país feliz todavía.
Al mismo tiempo en que se despertaban los soldados
en los lugares en donde los ojos se estiran para lograr una visión más incompleta.
Nací cuando los valses de Strauss adornaban a las novias
y la frialdad de Alemania se imponía como la muerte.
Podía escuchar el latido del corazón de Hernán Figueroa Reyes
y el costado de Almendra en el hábito de la tarde.
Buenos Aires era la fuente de la sangre no imaginada.
El laberinto de los artistas.
O las venas de Alejandra Pizarnik junto a las tijeras.
Era la rapidez de los colegios de donde una desea alejarse.
Era la luz verdosa que se despierta de repente
en la serpiente de autos a lo largo de la avenida.
Nadie venía hasta aquí.
Sólo nosotros.
Yo nací cuando la luna era inalcanzable.
(Él tenía ojos de cielo
y hacía soplar la maravilla de sus alas
hasta voltear mi cuerpo cubierto por la vergüenza.)
Recuerdo reuniones,
citas,
bailes vespertinos
y hasta los parques de diversiones.
Películas que vi demasiado tarde.
Cafés con gusto a sueño después del amor.
Nací aunque me lo hayan impedido las masacres de Vietnam.
Aunque el Oriente se destrozaba una vez más
y los trenes del Japón hacían milagros con las leyes de gravedad.
Imaginaba el mundo apedreado de los mártires
o las figuras sin tiempo de Pompeya.
Lagunas con monstruos que sólo pueden ser fotografiados por casualidad
y fantásticas naves extraterrestres con seres parecidos a mí.
Pero todos lo han olvidado
excepto yo
porque poseo la impiedad de los violines de los tangos.
Lloré junto a la muerte de Sarah Vaughan
o la dulzura opaca de Bárbara Mujica.
Ahora reconstruyo la vida de los poetas surrealistas
o me asombro ante la falta de oportunidades.
Me cubro la piel con las pinceladas de Gaugin.
Me apego a mi sillón de pana roja
y nadie se atreve a tocar mis papeles.
Sé que los objetos nos atropellan en cuanto cerramos los ojos.
Sé que la noche cambia las palabras
por ilusiones que resucitan de los escombros.
Sé que nada se pierde.
Todos los tiempos de mi vida
en este anillo interminable que es la memoria.
Sólo las canciones que les cantan a los chicos
pueden calmarme de repente.
Mi padre tenía una voz arrancada del centro de la tierra
y se alejaba despacio
para que no sintiéramos miedo.
Ahora sé que mis poemas
tienen la música de los recuerdos anteriores a mí.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul]
SEIS DELGADAS PATAS
Cocinan tortas fastuosas para convencerme.
Brindan por mi salud como si fuera a morir hoy mismo.
No me encuentran ni un sólo defecto
y siempre se enaltecen con mi presencia.
Todos mueven sus largas colas
y me abanican en verano.
Son los famosos escarabajos de la envidia.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul]
EL HOMBRE DEL SOMBRERO AZUL (V)
Como antes.
Como cuando los pliegues de tu ropa me refrescaban el dolor.
Como cuando tenerte cerca significaba enunciar un pensamiento inconcebible.
Como antes.
Como cuando entornabas el sombrero por sobre las mesas de aceite del restaurante
y te quedabas mirando el costado perverso de mi destino
mientras yo me deshacía de los vasos de vidrio entumecidos del otoño
y variaba la posición de los cubiertos
sólo por hacer algo que me atara a lo real que es el mundo para los otros.
Como antes.
Como cuando no sabía de qué extraña caverna provenías
o también cuando solía permanecer hasta la aguja triste de la madrugada
aunque no llegaras nunca.
Como antes has abierto la misma puerta por donde todavía rondan
las plumas de humo del recuerdo.
Como cuando éramos cómplices del silencio
y a través de las cabezas inquietas de los que nunca importan demasiado
nos mirábamos extrañamente.
Pero ahora tus piernas se ven algo más robustas
y ya no existe aquel sombrero irresistible al lujo de mi pecho desnudo.
Alrededor de tu cintura
hay abrigos de pana inciertamente colocados por otra mujer.
Alguien te protege de mí.
Alguien seguramente inútil prepara tu comida
y renuncia a ser libre.
Y tu ropa se ve tan alisada como tu vida.
Ahora tus piernas son troncos que se pueden medir con sólo mirarlos.
No sogas entrelazadas en la acrobacia de nuestra pasión.
No son nubes invisibles
ni ramas delgadas en la tiranía de marzo.
Tus piernas pertenecen a la casa que te encarcela por las noches.
Tus piernas altas como el salto del pez espada frente al navío asesino.
Tus piernas huesudas de tinte melancólico.
De vellos enramados y desobedientes.
Tus piernas acústicamente perfectas
en donde las botas azules eran góndolas nocturnas.
Tus piernas que derramaban un cálido vapor al pasar cerca de mí
y el sonido de tus rodillas como almendras temblando sobre el fuego
solamente conservan el andar arremolinado del no saber qué hacer
y ese huir de la luz como quien desprecia las palabras de los libros sagrados.
Sin embargo,
como antes,
continúo la leyenda de los milagros imposibles.
Ya ves,
siempre salgo lastimada después del amor.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul]
EL PÉNDULO
Los bailarines no sienten la música
sino la caída de la nieve.
Cuando se abre el escenario como una feria de frutos amargos
ellos danzan el ritmo de las palabras
o las nuevas formas de la seducción.
Los bailarines no sienten la música
sino los movimientos del silencio.
Se mueven con equipajes de oxígeno
y dicen no conocer ninguna melodía.
Sólo la enigmática ondulación de sus pensamientos.
De sus pies salen cintas celestes.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul]
EL HOMBRE DEL SOMBRERO AZUL (VIII)
Pasabas como un cisne incierto entre la gente
con la camisa tibia y los zapatos anchos del otoño.
Pasabas como la campanada de la iglesia en el bosque
buscando la gruta del milagro
descifrando el fondo de mis ojos
con tu halo de santo arrepentido.
Ibas ensimismado en tu abrigo de lana como un pájaro
abriendo los frascos del pasado
mirándome en el espejo sucio de mi pena.
Pasabas como un triángulo oculto entre la gente del restaurante.
Guardián de mi vientre embalsamado.
Tu voz aquietó mis pensamientos nocturnos.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul]
A CUATRO MANOS
Imposible sostener mi vida.
A cuatro manos balanceo el desorden
y los burdeles pegajosos de la memoria.
Pero es imposible sostenerla.
Retener al ángel asustado de lo que no vuelve
o derrochar el poco tiempo que me queda.
Imposible recordar mi vida.
Olvido mis errores por completo.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul]
EL RECREO
El teniente querrá beber algo en su descanso.
No gracias.
Sólo un poco más de sangre.
[Patricia Díaz Bialet, de El hombre del sombrero azul]
DATOS DE PATRICIA DÍAZ BIALET
Patricia Díaz Bialet (1962, Buenos Aires, Argentina) egresó del Instituto Nacional Superior del Profesorado “Joaquín V. González” con el título de Profesora Nacional en Idioma Inglés. Ha ejercido su profesión en diversos institutos de idioma y hasta la fecha se desempeña como docente de adultos en empresas y en forma privada. Actualmente cursa la carrera de Licenciatura en Actuación en el Instituto Universitario Nacional de Arte. Fue alumna de los talleres literarios de poesía de la SADE (1980 – 1984). En 1987 su libro inédito Destierros de Arena recibió el Primer Premio en el Concurso Nacional Pablo Piva, otorgado por la Fundación Argentina para la Poesía. Publicó los siguientes libros de poesía: Los Despojos del Diluvio, Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes 1989, Editorial Vinciguerra (1990). Testigo de la Bruma, Mención Honorífica en el Premio Bienal de Poesía Argentina de la Secretaría de la Función Pública de la Nación y el Fondo Nacional de las Artes 1991, Editorial Vinciguerra (1991). La Penumbra de la Luna Llena, Segundo Premio en el Concurso Fundación Inca Seguros 1992, Editorial Vinciguerra (1993). La Dueña de la Ebriedad de la Rosa, Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes 1993, Editorial Vinciguerra (1994). Los Sonidos Secretos de la Lluvia, Mención Honorífica en el Primer Certamen Nacional de Poesía Papiros del Siglo XX, Editorial Plus Ultra (1994). El Hombre del Sombrero Azul, Editorial Dunken, primera edición (1996), segunda edición (1998). Papeles de Resurrección, versión en castellano de Resurrection Papers, de la poeta estadounidense Heather Thomas, Editorial Vinciguerra (2004). El amor es una pluma de mercurio, Las Otras Palabras (2007). De próxima aparición: Agualava. (2009). También ha formado parte de diversas antologías de poesía y sus poemas se han publicado en diarios y revistas literarias del país y del exterior (en castellano y traducidos al inglés, portugués y catalán). Poemas suyos fueron incluidos en la película “El Lado Oscuro del Corazón II”, dirigida por Eliseo Subiela. Participó como columnista de poesía en el programa de radio La Palabra, El Deseo, La Locura (emitido en 1994, 1995, 1996 de lunes a viernes por FM Libertador) y en Subte (emitido en 1999, 2000 los viernes por FM Cultura). Fue jurado en prestigiosos certámenes nacionales de poesía; algunos de ellos fueron: 1994 Corona Nacional del Eisteddfod, Trelew, Provincia de Chubut; 1995 Concurso Nacional de Poesía Medalla de Oro, Gaiman, Provincia del Chubut; 1998 Concurso Nacional de Poesía y Cuento Nueva Generación; 1998 VI Certamen Nacional de Poesía, Narrativa y Ensayo Horizonte de Cultura, Junín, Provincia de Buenos Aires; 1998 Primer Concurso Nacional de Poesía Alfonsina Storni, Municipalidad de Olavarría, Provincia de Buenos Aires; 1999 Segundo Concurso Nacional de Poesía Alfonsina Storni, Municipalidad de Olavarría, Provincia de Buenos Aires; 2004 VII Certamen Internacional de Poesía, Municipalidad de Patagones, Provincia de Buenos Aires, realizado en el marco del VII Encuentro Bienal e Internacional de Escritores; 2005 Tercer Concurso Regional de Cuento y Poesía Alfonsina Storni, Municipalidad de Olavarría, Provincia de Buenos Aires; 2006 Certamen Nacional de Poesía A Treinta Años del Golpe, organizado por la Dirección Nacional de Cultura de la Central de Trabajadores del Estado CTA; 2007 I Juegos Florales de Poesía en Villa Ocampo, organizados por la Dirección General de Cultura de la Municipalidad de San Isidro, Provincia de Buenos Aires. Fue Secretaria de la Asociación de Poetas Argentinos, donde diseñó y coordinó durante seis años consecutivos (2000 – 2005) las Olimpíadas Colegiales de Poesía, llevadas a cabo en el Centro Cultural Gral. San Martín y en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Renunció a APOA en abril del año 2006. También en el año 2006 organizó y coordinó el Primer Certamen Literario Oma Escolar Poesía 2006, para alumnos de todos los niveles de colegios de los partidos de Alte. Brown, Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora, de la Provincia de Buenos Aires. En 2007 organizó y coordinó el Segundo Certamen Literario Oma Escolar Cuento Breve 2007, para alumnos y docentes de todos los niveles de colegios de los partidos de Alte. Brown, Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora, de la Provincia de Buenos Aires. En 2008 coordinó el Tercer Certamen Literario OMA Escolar Cuento Breve 2008 para alumnos, padres y docentes de colegios de los partidos de Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora, Quilmes. En 1995 y 1996 participó con lectura de poemas de poetas argentinos en micros televisivos para el Canal de la Mujer -emisora de televisión por cable-. En 1996 fue invitada al estado de Pennsylvania, Estados Unidos, a leer su poesía en diversos ámbitos (escuelas, bibliotecas, radio, televisión). En 1997 poemas suyos fueron incluidos en el espectáculo de poesía titulado Las Voces de los Poetas interpretado por la actriz Alicia Berdaxagar, entre otros lugares, en el Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires. En agosto de 2003 su obra formó parte del material para la conferencia Conociendo la Vida y Obra de Storni, Orozco, Pizarnik, Díaz Bialet y Piña ofrecida por Cristina Piña en el Café Tortoni, Ciudad de Buenos Aires. Es miembro fundadora del Movimiento Poesía (Junín, Provincia de Buenos Aires) y participó en la organización del I, II, III, IV y V Encuentro de Poetas en Junín (2001, 2002, 2003, 2004 y 2005). En el mes de septiembre del año 2003 organizó en Buenos Aires y Junín doce encuentros y lecturas bilingües de poesía junto a los poetas Heather Thomas y Craig Czury. En febrero de 2005 leyó poemas suyos en la Feria Internacional del Libro de la Habana, Cuba. También viajó dentro de la Argentina en calidad de invitada a diversos encuentros de escritores, entre ellos el V Encuentro Nacional de Poetas en el Sur de Santa Fe / III Salón Nacional del Poema Ilustrado Premio Amelia Biagioni en las localidades de Villa Cañás, Teodelina y Santa Isabel, Prov. de Sta Fe (2005) y el III Encuentro de Escritores “Letras y Río” organizado por la Dirección de Cultura de Diamante, Entre Ríos, Argentina (junio 2007). Durante todo el 2007 tuvo a su cargo una columna radial de literatura en el programa “La Mar en Coche”, que se emite por FM La Tribu de lunes a viernes de 09.00 hs. a 12.00. Actualmente conduce, junto a Jorge Dubatti y Juano Villafañe, el programa “El Descubrimiento” los sábados de 15.00 hs. a 17.00 hs. por FM 88.7 La Tribu. Su obra puede también encontrarse en múltiples sitios de Internet del país y del exterior.
2008
Links con información sobre la autora
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http://ar.geocities.com/correopoesia/bialet.htm
http://ar.geocities.com/fijandovertigospoesia/0013_diazb.htm
http://biografiadelosautores.blogspot.com/2006/08/patricia-daz-bialet.html
http://boards3.melodysoft.com/app?ID=Shaharazad&msg=2392&DOC=61
http://carmencamachoadarve.blogia.com/2007/122001-patricia-diaz-bialet-dialogo-con-una-joya-de-la-poesia-argentina.php
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