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Aledo Luis Meloni: la humildad de un gran poeta
“La copla viene sola. Yo no la busco”
2009-03-29 | Patricia Díaz Bialet
PDB: Todos los poetas que he conocido aquí lo respetan profundamente y hablan de usted con gran admiración. Usted es, sin duda, maestro de poetas, pero ¿quienes fueron sus maestros? ¿De qué poetas aprendió lo que sabe?
ALM: ¡Ah! Lo de la admiración es porque no me conocen y también porque soy el más viejo de todos. Voy a cumplir 97 años. Recién hablé con mi hermana en Quilmes, que tiene 102 años. Tengo muchos amigos, debe ser por eso lo de la admiración. En cuanto a mis maestros, el que me enseñó lo que es la poesía es Antonio Machado. Conocí la obra de Antonio Machado en el año 1939 o 1940 y tiré todo lo anterior, empecé una nueva etapa: una poesía más ceñida, más escueta, más avara de palabras, una poesía simple.
PDB: Además de Machado, ¿tuvo otros maestros?
ALM: Sí, por supuesto. He leído mucho a Juan Ramón Jiménez, a Jorge Luis Borges, a Raúl González Tuñón, a Francisco Luis Bernárdez, a Leopoldo Marechal. De la nueva camada de poetas leo menos porque es otro el lenguaje que utiliza. Así como a través de los años cambia la vestimenta, cambian los sombreros, los zapatos, también cambia el lenguaje. Va evolucionando, no es mejor ni es peor, es otro.
PDB: Durante su exposición en la presentación de libro “Cuentos de la llanura y del monte chaqueños”, que reúne siete cuentos de Horacio Quiroga, compilados por Alejandra Liñán y por usted y editados por el recientemente creado Instituto de Cultura de la Provincia del Chaco, usted comentó que la obra de Quiroga había ejercido una gran influencia en su propia obra poética. ¿Qué aspecto lo atrapó tanto de la obra de Quiroga?
ALM: Mire, Quiroga es un caso casi milagroso de atracción, la gente siente una atracción hacia Quiroga casi misteriosa. Leí su obra completa porque soy un verdadero quiroguiano. Nadie sabe más que yo sobre la obra de Quiroga. Fui cinco veces a San Ignacio a conocer el paisaje, a conocer los personajes que él tuvo como ejemplo para sus cuentos. Creo que Quiroga me atrapó, entre otras cosas, porque sus cuentos son cuentos de llanura y de monte, como el título del libro que usted menciona, y yo viví en el monte por más de veinte años. Yo fui juntando material y lo compartía con otros dos escritores quiroguianos de Buenos Aires. Nos pasábamos la información. Yo tenía mucho material sobre Quiroga. Una vez vino desde Estados Unidos un profesor que iba a escribir un libro sobre Quiroga y yo le facilité el material que tenía. El profesor dijo que iba a enviarme el libro cuando estuviera publicado y ¡ya hace treinta años que lo estoy esperando!
PDB: ¡Quizás tiene suerte y se lo envía dentro de poco! ¿Dónde vivió Quiroga aquí en el Chaco?
ALM: Quiroga vivió en el Chaco aproximadamente un año y medio, más o menos a 45 kilómetros hacia el sur de Resistencia. Antes había allí un camino de tierra. En el año 1908, tres años después de que él se fue de acá, volvió al lugar donde había vivido y ya no había nada. Había vivido en un rancho. Yo fui al lugar hace cuarenta años con un cuentista nacido acá y que ahora reside en Buenos Aires, Fernando Rosenberg. Fuimos con él y con otros escritores del Chaco y le aseguro que en ese lugar no hay absolutamente nada, es una zona desolada, una planicie con palmeras, un lugar muy áspero en el que no hay nada. No es como Misiones. ¿Usted conoce Misiones?
PDB: No. No tuve la oportunidad de ir todavía.
ALM: ¡Vaya, vaya! Yo no quiero ir a Misiones porque vuelvo triste. Es tan hermoso aquello...
PDB: Pero acá también es hermoso.
ALM: Sí, es hermoso. Pero nuestro paisaje es duro. Usted se interna y ve una vegetación achaparrada, mucha seca, no tenemos ríos lindos. Misiones es muy lindo.
PDB: Cuando usted recuerda ese lugar tan desolado yo lo relaciono con el lugar también desolado con que debe haberse encontrado usted cuando lo nombraron maestro rural a sus 24 años.
ALM: Claro. Donde yo fui a trabajar era el monte. Trabajé de maestro rural por veinte años. Mis alumnos eran hijos de rusos alemanes, que recién aprendían a hablar. También había algunos santiagueños. Yo tuve cuarto grado a mi cargo. Estaba solo allí, era a un mismo tiempo maestro, portero, director, todo.
PDB: Cuando alguien dice “Aledo Luis Meloni”, aparece en la mente la palabra “coplero” antes que la palabra “poeta”. Sus coplas son muy reconocidas, recordadas y repetidas. También han sido musicalizadas. ¿Qué nos da una copla que no nos da un poema de más largo aliento?
ALM: La copla es una concisión. Es como si usted tomara una pastilla de un medicamento que está formado por varios elementos pero la pastilla es así de chiquita. Esa es la copla. Es el resumen de un pensamiento que puede ser amplio y usted lo reduce a cuatro versos octosílabos generalmente y ahí tiene una copla. Yo comencé a escribir coplas a causa de un libro de Victoria Pueyrredón. Un día acá leí ese libro de coplas y allí me entusiasmé con esa forma. Y aún en el verso libre, yo escribo cada vez más breve, mis poemas son muy breves, con alguna excepción de un poema más extenso. A mis amigos, para embromar, les digo que escribo coplas porque no me gusta escribir a máquina y como la copla es breve...
PDB: ¿Para llegar a la copla debe escribir mucho y luego ir quitando material?
ALM: No, no, no. La copla viene sola, yo no la busco. Si usted la busca, no viene. Yo nunca me senté a escribir una copla. Tengo más de quinientas coplas, y el poder escribirlas es un regalo de la vida. Yo voy caminando y la copla llega. Pero para mí la poesía es un regalo, vino por añadidura. Yo siempre digo: “He sido maestro durante veinticinco años, trabajé en el periodismo otros veinticinco años. La poesía vino sola. Es una cosa que se dio por añadidura. Yo he sido otra cosa. No he sido poeta, no me he dedicado a la literatura. La literatura se dio como un complemento a mis otras actividades.”
PDB: Pero cuando uno escucha su nombre, piensa en un poeta y en un coplero, y después se entera de que fue maestro rural y periodista.
ALM: Pero si usted estudia mi obra, va a ver que es breve.
PDB: Breve pero contundente.
ALM: ¡Eso corre por cuenta suya! Yo fui otra cosa. De chico, por ejemplo, fui boyerito de campo. Nosotros éramos nueve hermanos y vivíamos en el campo. Mi mamá enviudó e los 36 años. Mi papá tenía 38 cuando falleció. Entonces tuvimos que hacer frente a todas las dificultades. Yo desde muy chico, desde los siete años, fui boyerito de campo. Un boyero cuida todo el día los animales en la chacra, porque en una chacra tiene que sembrar trigo, lino, avena, etc y no se puede alambrar todo. Usted tiene que sacar los animales a pastar y tiene que estar el día entero sobre un caballo cuidando que los animales no entren a distintos lugares. Por eso yo digo que pasé casi toda mi infancia arriba de un caballo. Ese fui mi trabajo de niño.
PDB: Y eso le habrá enseñado mucho. Creo que todo ese conocimiento, ese trabajo, esa experiencia que vivió de niño y de joven se transmite en su obra poética, en la profundidad de sus coplas. Hablando de su obra, lo ví muy presente en la 9° Feria del Libro Chaqueño y Regional. Lo ví en la presentación de sus libros para niños “Michivé” y “La otra cara del zorro” y de la compilación de los cuentos de Quiroga titulada “Cuentos de la llanura y del monte chaqueños”. ¿Cuál es su opinión de esta Feria? ¿Qué influencia tiene este Feria sobre el Chaco?
ALM: Sí, fui todos los días. Participé de cinco actos. Y esta noche también tengo que hacer algo en la Universidad también. Presenté los dos relatos “Michivé” y “La otra cara del zorro” y, como compilador, “Cuentos de la llanura y del monte chaqueños.” También participé de varios actos y presentaciones. Yo tengo por un lado mi obra competa que está reunida en el libro “La tentación de la palabra” y por otro lado tengo unos cuentos para niños y otros tres relatos.
La feria ha ido cada vez en aumento. Esta vez hubo un total de 210 actos, en el programa usted pudo ver que había ocho actos simultáneos en cada hora. A mí me parece que a lo mejor convendría tener menos actos simultáneos. Eso creo que convendría modificarse, porque usted pierde muchos actos ya que no pueden verse todos. Pero supongo que la influencia de la Feria tiene que ser muy grande aquí en la región. Eso lo pueden atestiguar los libreros, a ver si después de esta Feria hay una eclosión de compra de libros. Pero, lógicamente, aunque después los visitantes de la Feria no compren libros, todo aquello que han oído, que han visto en la Feria y lo que los ha acercado a los libros funciona como una especie de ósmosis. Es seguramente una ayuda a la cultura.
PDB: Usted habla de una eclosión de compra de libros y yo pienso en una eclosión de escritura, porque quizás con tantos libros exhibidos y con el éxito de público de esta Feria del Libro, muchas personas se animen a hacer sus primeros pininos en la escritura. La creación es contagiosa.
ALM: Se escribe mucho. Los muchachos escriben muchos poemas de amor siempre.
PDB: En el último número de la revista chaqueña “Cuna”, cuyos directores son Pablo Black y Mariano Quirós, puede leerse en la tapa la nota central titulada “Aledo Luis Meloni: el pibe.”
ALM: ¡Sí! ¡Lo de “pibe” es por los años que tengo!
PDB: ¡No! Más que por los años, por su juventud, Usted tiene 96 años y está muy joven, muy activo, muy lúcido. Más allá de sus genes ¿tiene algo que ver con su eterna juventud la poesía?
ALM: No. Es natural. Pero déjeme aclararle algo. Yo soy juvenil cuando trato con otras personas pero interiormente yo no soy tan juvenil. Soy muy serio, en cierto modo amargado, pensativo. Pero con la gente soy juvenil. A lo mejor ahora me río con usted pero después a mi edad los pensamientos fundamentales de la vida son los que priman. Me gusta mucho leer biografías de gente que ha sido famosa, pensadores, poetas, para ver cómo asumieron la vejez y cómo asumieron la muerte. Leo eso para aprender. Porque uno aprende todos los días. Yo escribo haikus también, por ejemplo:
“Si tanta ciencia
no enseña bien morir
¿para qué me sirve?
En Resistencia me hacen muchos reportajes, pero hay poetas mejores que yo. Lo que pasa es que mis versos y mis coplas andan por todos lados. Acá hay poetas excelentes: Enrique Gamarra, Betty Mercado, Mirian Belén Curletti son algunos de ellos.
PDB: ¿Cuál fue su relación con Guido Miranda?
ALM: Guido Miranda era mi hermano. Él me trajo del campo. Cuando yo era maestro rural, él estaba al frente del Especial Seccional de Escuelas Nacionales dependiente del Consejo Nacional de Educación, porque las escuelas en ese tiempo dependían de Buenos Aires. Él me trajo del campo y me obligó a publicar mi primer libro que es “Tierra ceñida a mi costado”. Yo lo quería mucho a él y a su familia. Él fue el mayor historiador del Chaco y el escritor de más fuerza que tuvo el Chaco.
PDB: Dentro de la colección Rescate que coeditó la Subsecretaría de Cultura de Chaco y Librería de la Paz hay dos títulos de Guido Miranda: “Fulgor del desierto verde” y “Tres ciclos chaqueños”.
ALM: Sí. Le cuento. Guido siempre me decía “A mí, escribir un libro no me cuesta. Lo que sí me cuesta es encontrar el título para el libro.” Y yo le decía “Para mí es al revés. Me cuesta escribir un libro pero el título me es fácil.” Entonces cuando Guido escribió el tercer libro (el primero era “El paisaje chaqueño”, después “Tres ciclos chaqueños” y tenía otro también sobre la zona) me dijo: “No encuentro un título para este libro. No puedo poner la palabra “Chaco” otra vez en el título. Buscame un título.” Y yo le dije: “Ponele “Al norte del paralelo 28”, porque el paralelo 28 divide Santa Fe del Chaco.” Y le puso ese título. Y también le dí el título para el libro “Fulgor del desierto verde” porque a mí, como le dije, no me cuesta poner títulos.
PDM: Fue también un gran amigo suyo el poeta Alfredo Veiravé.
ALM: Ah! Sí. Otro gran amigo. Alfredo venía aquí a mi casa, se sentaba en ese sillón que usted puede ver ahora y me pedía que le tomara la presión, porque yo tenía tensiómetro porque mi mujer sufría de tensión. Y cuando él iba a mandar un libro a Sudamericana siempre me lo traía antes a mí, para ver si se le había pasado algún error. Yo trabajé 25 años como corrector de diario. Él me dejaba sus originales, y a los dos días volvía y se sentaba ahí y encendía su cigarrillo y me preguntaba “¿Qué te pareció el libro?” Y yo le decía: “No entendí nada.” Y él me decía: “Es que lo escribí para vos, para que vos no lo entendieras.” Era un gran poeta y una gran persona. Guido Miranda también. Yo tuve la suerte de frecuentar una camada de escritores, de gente, de mucho valor, eso fue una gracia que me entregó la vida.
PDB: Aledo, ¿quiere leerme algunas de sus coplas?
ALM: ¡Cómo no! Le leo primero dos coplas de mi libro “La copla del lunes”
Alguien le ofreció una viola
a un inversor extranjero;
por las uñas que tenía
creyó que era guitarrero.
Con rara equidad el Fondo
como a una fruta nos trata:
nos come toda la pulpa
pero nos deja la cáscara.
Ahora le leo coplas de mi libro “Coplas y palomas”
Si al corazón de la copla
alguien acerca el oído
no escuchará nada nuevo
sino su propio latido.
Esta que voy a leer ahora es la primera copla de amor que hice
Una paloma de luto
quedó en mis ojos cautiva:
la sombra que dibujaba
su mano en la despedida.
Leo otras más:
Ya no le pido a la vida
cosas de mucho valer;
Solo le pido una nada:
que me devuelva la sed.
Y otra:
Si el amor es una brasa
en el fogón de la sangre,
de sobra estará el fogón
cuando la brasa se apague.
Y otras dos:
Al hombre cuando envejece
rara tristeza lo embarga:
es la tristeza divina
de no asombrarse de nada.
En el juego del amor
siempre se arriesga de más:
jugador de ojos vendados
a pura pérdida va.
Y ésta es la copla que anduvo más que ninguna:
El hombre llega al otoño
como a una tierra de nadie:
para morir es muy pronto
y para amar es muy tarde.
Otras dos más:
No me culpe por querer
a su hija de esta manera;
la culpa es suya, señora,
por ser tan buena alfarera.
Culpa de una vidalita
también yo aprendí a llorar;
como la vida es un río
lloro el agua que se va.
Este libro que le doy ahora es un libro de cuentos para niños que escribió mi señora, Lidia Gutiérrez. Nosotros, cuando vivíamos en el campo, teníamos cuatro muchachitos en escalerita. Entonces para entretenerlos a la noche ella escribió al correr del lápiz ocho cuentos y nunca más habló de literatura, nunca le interesó la literatura para nada. Tanto es así que me decía “A mí el único libro tuyo que me gusta es el primero: “Tierra ceñida a mi costado”. Después de ese libro te hiciste literato.” Claro, porque ese primer libro trataba del lugar donde estábamos viviendo, de su gente, de su paisaje. Poco antes de morir me dijo un día “Leéme los cuentos que escribí.” Y se los leí. Yo le quería publicar a ella, en vivo, esos cuentos, pero ella no quería. Después que ella falleció yo le publiqué estos relatos para que su espíritu permaneciera a través de un niño que recuerda. ¡Pero mi señora mató a muchos acá! ¡Mato a todos los bichitos del monte en estos relatos! Porque estos cuentos son todos acerca de los bichitos del monte. Yo los corregí pero no me di cuenta de que había que sacar algunas muertes pero el libro está así, como fue escrito.
Este otro relato que le doy es acerca del problema que tuve con una moto. El título es “Mi amor de acero”. Y este otro relato se titula “El secreto del viento” porque tengo una copla, que comienza el relato, que dice:
Para desnudar mi pena,
hoy, ya en el umbral, intento
robarle el secreto al viento
que hace llorar a la quena.
Son relatos, y no cuentos, porque son hechos reales.
PDB: Como “Michivé”, la historia del guazuncho que presentó en la Feria del Libro.
ALM: Sí, son todos hechos reales. Le entrego otro libro: “La copla del lunes. El libro termina cuando cae De la Rúa. Termina así:
El incendio del país
llegó a la Casa Rosada ;
y los que estaban en ella
saltaron por la ventana.
Y también le entrego “La otra cara del zorro” y “Michivé”.
PDB: Le agradezco su generosidad, tanto en los libros como en el tiempo que llevó esta entrevista.
ALM: ¡No! No es generosidad. Damos libros para que caminen.
PDB: Por supuesto estos libros van a caminar. Los voy a llevar a Buenos Aires, los voy a comentar y a difundir, y voy a leer poemas suyos en la radio. Fue un placer haberlo conocido, Aledo.
ALM: Bueno, gracias, para mí también fue un placer.
PDB: Yo sabía de su nombre y de su obra pero nunca pensé que iba a venir acá y que lo iba a conocer personalmente. Cuando me invitaron para cubrir la 9° Feria del Libro Chaqueño y Regional, lo primero que pensé es “Voy a conocer a Aledo Luis Meloni”. Usted es muy respetado y admirado, no solamente por los de su generación sino también por la gente joven. No es fácil lograr el respeto y la admiración de las otras generaciones
ALM: ¿Sabe lo que pasa? Pasa lo siguiente. Cuando viene un muchacho a mostrarme lo que ha escrito, yo nunca le “pincho el globo”. Ese muchacho que viene con una ilusión acerca de lo que ha escrito es como si tuviera un globo. Si usted le dice “Eso está mal. Dejá esto. Así no anda. Esto no es así.” lo desanima por completo. Yo no pincho el globo. Le digo “Hay que leer a los buenos autores, (yo no, yo me excluyo). Pero lea a Marechal, a Borges, a González Tuñón, a Juan L. Ortiz.” Le doy consejos pero nunca le digo “Esto está mal. Dejá de escribir porque no es para vos.” Entonces los jóvenes respetan también el respeto que yo tengo hacia ellos.
PDN: Claro, porque el respeto es recíproco. Debe ser por eso que fue difícil encontrarlo en la Feria para combinar el reportaje. Todos los días me decían “No, ya está con un periodista.” o “Hoy ya tiene otras entrevistas”. Ha sido usted muy requerido.
ALM: Sí, sí. Esta tarde vienen otras dos periodistas para una entrevista. No me acuerdo de los nombres ahora.
PDB: A mí me resultaba difícil acordarme de su nombre. ¿De dónde es el nombre “Aledo”?
ALM: Yo siempre odié mi nombre cuando era chico. Ahora no. Cuando era chico en la escuela los muchachitos se reían de mí por el nombre tan raro “Aledo”. Mi papa era italiano. A mí me anotaron en Bolívar y yo no soy nacido en Bolívar. Me anotaron el 18 de agosto pero no soy del 18 de agosto. Yo nací en una estación del ferrocarril que había entre Puente Alsina y Carhue. (En el tiempo de Menem levantaron el ferrocarril que había allá.) Papá era inspector de vías del ferrocarril y en una de esas estaciones nací yo. Bolívar era donde anotaban y a mí me anotaron en Bolívar el 18 de agosto porque se retrasaron pero yo nací el 1° de agosto, que es el día de la Pachamama. Ese día acá se toma la caña con ruda, que es una caña a la que se le pone una hoja de ruda, bien amarga. Dicen que eso ahuyenta las enfermedades. Entonces yo digo:
Con razón yo canto a la tierra
como una madre se ama.
Nací el primero de agosto
día de la Pachamama.
PDB: Por último le voy a pedir que me firme el libro y ya no lo molesto más.
ALM: ¡No! Si no es molestia, para nada. Este libro, que es mi obra poética completa, “La tentación de la palabra” fue publicado por Librería de la Paz y por La Universidad Nacional del Nordeste cuando me dieron el Doctorado Honoris Causa.
PDB: Sí, yo sabía. Usted es muy premiado, ha sido galardonado muchas veces.
ALM: Sí. Pero yo no quería ser nombrado Doctor Honoris Causa. Yo rechacé el ofrecimiento cuando vinieron de la Universidad. Yo les dije “No, no, no. Yo no quiero el Doctorado porque no es para mí. Yo soy coplero, hago versos. Siento que un Doctorado Honoris Causa es para una obra muy superior. Y ese año cuando se abrió la Feria del Libro el rector de la Universidad públicamente anunció ese Doctorado y ahí ya no puede negarme más.
PDB: Claro. Ya había sido comprometido a aceptarlo. Pienso que lo que se admira en usted, ya sea que prevenga esa admiración de un sector popular o de un sector académico, es el talento para escribir una obra simple, profunda y sabia. Una literatura que conjugue estas características no es muy frecuente y creo que es eso lo que se admira de usted.
ALM: Muchas gracias, Patricia. Bueno, aquí tiene sus libros autografiados, lo firmo con el nombre raro “Aledo”. Pero antes déjeme decirle algo: Usted es una periodista que cae bien.
PDB: Muchas gracias, Aledo.
ALM: Sí. Porque hay que caer bien. Es como cuando el domador de campo en plena doma es tirado por el caballo. Si cae parado, está muy bien, pero si el caballo lo revuelca en la tierra, el jinete pierde categoría ante los otros. Y usted cayó como el domador que cae parado.
PDB: Ha sido un verdadero placer conversar con usted, Aledo Luis Meloni.
Salí a eso del mediodía a la soleada Resistencia. Caminé unas pocas cuadras. Entré en un café a tomar algo fresco. Abrí mi mochila. Saqué “la tentación de la palabra”. A medida que leía, se iba reforzando esa idea que puse a modo de título de esta entrevista. Pocas veces una puede estar tan cerca de alguien tan grande y tan humilde. Muy pocas veces.
HERENCIAS
Sólo dejamos, al final, unas palabras.
Son las únicas huellas transitorias
de nuestro paso
sobre un tembladeral de olvidos y silencios.
De su fuego
después no queda nada.
Tendrá más vida que ellas
la ceniza glacial
de nuestros huesos.
No, la palabra no es un ave fénix:
no conoce el milagro
de la resurrección.
Aledo Luis Meloni
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