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Leopoldo Castilla - Nunca (2001)
2009-03-08 | El Descubrimiento
Nunca
Leopoldo Castilla
Buenos Aires, último Reino, 2001
Poemas de: NUNCA
NUNCA
A Daniel Moyano
Es la misma mosca
bramando
en el mismo verano,
la misma vela temiendo por las habitaciones
y en su horca
el trueno;
el mismo niño ese hombre con el agua al pecho
bajo los cielos asustados.
No hay quietud
la sombra de ese árbol
esta copa de vino
un relincho
esparcen toda eternidad
Tu y yo,
cada crepitación de la vida
y el astro seco
como una máscara
en el vacío
somos infinitos
infinito
cada sollozo
cada paso que das y el que no has dado
y una pluma que cae
y detiene la tierra
y el último estertor
que añade un laberinto.
El hombre
cría un animal, un caballo, un toro,
como quien alimenta a un dios antiguo
hasta que uno de los dos se lleva en los ojos
la extinción del otro
y es lo simultáneo
de la vida y la muerte
lo que tienen de inolvidables.
Cada vez que recuerda
es de nuevo poblaciones
un hombre solo
procreando derrumbes.
Dentro de esos lentos vendavales
resiste
su criatura
emblemática y ácida
como una joya carnívora.
Nada lo contiene
es la misma marea en su antiguo abismo,
la misma inmensidad que expulsan
un hombre ciego
y una mariposa quieta,
la misma lengua
de la piedra haciendo piedra,
del pájaro
llamando al agua,
del trapo que se acobarda
en el cerebro de un loco.
No hay fugacidades
así como el mar día a día
llega, brillante, a su propio funeral
así
no cabes en tu tiempo
tu segundo está lleno de enormes batallas.
En el instante
no hay pérdida ni huida,
de esa breve eternidad
tenemos
la física de la leyenda.
No es el hombre un enigma
es que no hay nadie en él.
Su único don es mundo.
Hay, sin embargo, un sitio que no pertenece al universo
una grieta
que se fuga del mundo
y no retorna nunca :
y es cuando el hombre sabe que se muere.
Le queda grande la luz,
como colgajos
los días que le faltan,
que reptan dificultosamente
entre los amedrentados muebles del salón
y es inútil acudir en su auxilio
porque él, mudo, frente a una ventana
le ha dado
su palabra
a la muerte.
Ya no oye
los nombres de su vida lo han abandonado
son como piedras
ahogadas
en los arenales
de su alrededor.
Mientras el salón se desordena
en una meticulosa desesperación
todo lo que lo rodea intenta un arco
que desciende y no cae
un hueco que sobresalga
una señal que lo ocupe
antes que no le quede nadie
pero él no tiene dónde
es la frontera.
Asilado en su nombre
absoluto en el sillón
discontinuo
fuera de la naturaleza
uno lo llama y gira la cabeza y nos mira
mientras el pasado lo deshora
y torna, último, a la insolación,
a fijar sus ojos
antes de que la ventana se desclave
mientras el mundo se va de su cerebro
como una luna lenta.
El muerto
difunde su instante profundo
desde lejos mueve una hoja, vuelca un vaso,
abre una puerta sin viento
para despedirse,
asola
con desahuciada luz
las poblaciones de sus cinco sentidos
y le devuelve
a la amada una tarde,
la sangre al hijo,
el hueco a la madre,
restituye su nombre al enemigo
toca, todo su deseo toca los desalmados
cabellos
de su mujer dormida,
entonces los objetos
sollozan estériles futuros
y la casa de llena de asfixia y tempestad,
de premoniciones.
De pronto
todo cesa.
Y es él, cayendo en otra latitud,
esa gota desorientada en el borde de la mesa,
es él
insepulto
en esa mariposa
diciendo adiós
a su propia forma.
Lo sentirás ensordecer
con su ala de harapo
la levedad del mundo
vagar como un pez
perdido en la luz del espejo
desahogando
su insondables ropas
de finado
sabrás que estuvo
porque el día que adviene
no tendrá presente.
¿Cuál será, ahora, su comarca ?
¿La desazón de la luz,
la luna enferma dentro de las habitaciones,
un basural, sin recordar,
huyendo ?
Vengo llovido
por sus aguas seniles y brillantes
han ahorcado
con sus inversos
sietemesinos
aires
las hojas del árbol de mi casa
me han soltado
vacas en pena
como muebles amarillos
en el corazón.
Huero y sagrado
soy el cubil
la boca de salida de mis muertos.
EL CANAL
A Carlos Roberto y Fermín Aranda.
I
Agua de nunca
el canal
las larvas devoran todo el presente
donde un niño
juega para siempre.
El día era cenizo entre los pobres
la noche
inflamada
y violenta,
al alba los perros lamían la sangre
del acuchillado
que se iba
gritador
a ser peón o changador o nada.
La muerte hería
no mataba
para eso estaba la vida
que calentaba los basurales
donde una mendiga pare
otro mendigo
que llora con el llanto de las ranas.
Debe estar todavía
el hombre de sombrero negro
tocando el bandoneón bajo el solazo
(ese señor oscuro
es un resucitado)
Todo es de mala muerte
y se destrozaría
si no fuera ese niño
que emerge del lodo
y ríe a plena luz
desangrado
por las sanguijuelas.
II
Dónde está realmente
la puta que llora y besa
un crucifijo mientras
- que no la vea, que no la vea-
la policía montada
allana los prostíbulos
de arpillera, de lata,
está innumerable, disuelta
de tanto irse,
en el agua con semen
de la palangana ?
encerrada en su desnudez
para ser invisible
y
en lo alto del pavor
ave purísima ?
el adolescente que corre
delante de los caballos
y en este instante
salta sobre el canal
está en el aire
solo en el futuro,
despegado de su sombra
como una nube,
dentro del espejo de su edad,
inalcanzable?
y el policía qué cabalga
el trueno de su cabeza,
un estertor sin muerto,
las nalgas de su padre ?
El adolescente toca tierra
en la otra orilla.
La puta repta a salvo
sin piel
en los basurales
el caballo se detiene al borde
No puede saltar
en su cerebro
un rayo
parte en dos la tarde.
III
Saben que nunca será así
pero en el patio del cabaret
simulan el hogar
todas las mañanas una prostituta teje
los días que le faltan,
un hueco y otro hueco,
punto cruz
el cuerpo
punto cruz
el alma
(Como a un embrión
el pelo le nace de la mente).
Otra hace los deberes de su hijo
“hubiera o hubiese habido,
hubiera o hubiese amado”.
Y el presente
perfecto
flota ahogado en el patio.
Otras cuatro juegan a la loba
con cuatro reyes
cuatro reinas de verdad
se vigilan las uñas
se arrancan de los ojos
diamantes
y corazones
imaginarios.
Y la que lee una novela sin final
hasta que cae en el canal la tarde
y apaga el patio
donde grita
una luz roja.
IV
Nadie es nadie
cuando la comparsa
danza
en su jardín carnívoro
sólo un voltaje
de espejo a espejo,
en el baldío
la luna raída
del sexo de los mendigos,
el suicidio
de los caballos
y la batalla de los pandilleros
la azulada violencia
prenatal
donde un precipicio
devora a otro
precipicio.
El canal recoge
una pluma de garza
un coágulo de sangre
dos lentejuelas
y una navaja
De eso se alimenta.
Y de una flor
intacta
sobre el agua muerta.
ANIMAS
A Aníbal Alfaro
Un silbido largo, haraposo, final,
le hace un tajo a la tarde.
Alguien dice : “son las ánimas”.
Y el niño que oye todo
sabe que el día que resta
colgará boca abajo
desinflamándose
como una camisa en la soga de la ropa,
y que no se hará noche
hasta que se sepa
el nombre de ese muerto
que vino a desterrarnos.
No hay sutura
de
tiempo
en
tiempo.
Los hombres no se alarman. A veces
pasan por aquí
bandadas de otro mundo.
HUMANO
A Roberto Sánchez
I
El recién nacido
cae como un trapo húmedo
sobre los mosaicos blancos.
Lo que era conjetura
entra al espacio
como entra
la mano
a un guante envenenado.
El modelo no está en la semilla
sino en el viento
que la derrumba
y siembra
el enigmático número de la horda,
la unidad pavorosa
que eyacula el ahorcado.
II
¿Hay alguien, realmente hay alguien
en lo humano?
Insustancial, pegajoso, leudo,
desanimado presagio,
piel de higo
simultánea
entre la flor cerrada
y su fallecimiento
lo humano
alienta a solas
con la ferocidad que dura
en la jaula vacía de las bestias
o el alerta
en esas casas
donde estuvo encerrado el viento.
Lo humano
sudando oscuridad
en tu jardín, en tu reloj, tu cama
pudre en ti
su tormenta
difunde tu luz final
como un relámpago.
NI SOL NI POLVO
A Julio Salgado.
I
Hay espejos en el firmamento ?
Será como aquí
la flor
y ella misma en el agua ?
Que estemos detrás del azogue
y lo que en lo oscuro
arde,
sea lo que se filtra
las estrellas como incisiones
quemaduras
de una luz extranjera
que las enciende y no les pertenece,
perforaciones en ese espejo inmenso
hasta la luz completa.
No el espacio,
recorremos la luz
hundidos hacia afuera
como la flor quieta en el agua
que viaja y no la lleva
que está dentro del agua
y que no entra.
II
Puede que un día
todo sea día
que el azogue
ya oculto por la luz
desaparezca
no quedará sol
ni polvo ni proporción ni cielo
al dar en sí
se destruirá la luz
(claridad contra claridad
son los suicidios)
Sólo nos resta
aguardar otro espejo
entonces
estaremos en la luz
pero no podremos vernos.
TERAPIA INTENSIVA
Un gemido de búfala, un hedor de alma
en la cama del fondo
y aquí, todo el cerebro
antes de desclavarse
huracanado
en los ojos de mi madre.
Se trata de nacer,
sólo que los líquidos están afuera
y producen
lirios en los vacíos
oxígenos sin aire
y sangre de otro
sangre que no sabe.
Tarde
baja por la cánula su infancia
tarde le pinto los labios
para que sea visible
y la peino
delicadamente
para que no deje de venir del cielo
Tarde
la peino
tan lento
para recordarla.
DEJELO EN EL MONTE
A Salvador Raspa Quintana
Déjelo dentro del yuchán
donde hace noche el agua
que despierte zorro
en el aire
gavilán
y lo vea venir el león y se disuelva en los pajonales
porque ha entrado al monte Salvador Raspa.
El que ofrendaba un quirquincho a la luna
y era una columna de plata
absoluto
solo
mostrándole su cría
a las constelaciones.
Déjelo en el monte que le llevó la vida
hasta que perdió la memoria
y regresó a los obrajes de su infancia
y ahí sigue todavía
abriendo claros
donde no queda nada.
Déjelo en la umbría, donde el monte está viendo:
hombre que cunde tanto
en la naturaleza
ya no puede entrar en su cadáver.
Sea
del polvo
la cólera tenue,
pilpinto sea,
ánima
del aire.
VUELVE DON FRANCISCO MADARIAGA
A Graciela Aráoz y Víctor Redondo.
En el cielo no cabe un muerto
y, sin embargo, apenas puede
mover un pétalo,
se alarga y se alarga
y no alcanza al color.
El mismo firmamento
apenas si le hace
una espuma en la boca,
ah, pero un pájaro, ser un pájaro no puede,
de dónde va a juntar tanta velocidad
hasta que cante
el sitio
donde estaba el cuerpo.
Un muerto usa
la imprecisión de la atmósfera,
la temperatura de una silla vacía
o un descuido de la luz
y aparece alguito
con el cuerpo en los ojos
como un zorro en la noche,
o por demás
si arbola, de golpe,
su primavera vacía
tu cerebro
y somos dos
bebiendo sin final
devorando
un lento
espacio sin persona.
¡Salud por el difunto
donde naceremos!
Yo, que soy su campo y él que entra montado
en su caballo de humo
y me llena de huellas
galope, señor, que vamos juntos.
Yo soy su sensación
un día
usted será mi tierra.
EL OTRO
A Belisario Saravia
Tal vez ya no es mortal. Lo han encendido
la luz de antiguos días, la sequía
de oír mis muertos y la insanía
de verme partir, de quedarse ido.
Absoluto, inviolable, es el olvido.
Lo que entra en él, no cesa, cría
de cada acto, cada hombre, cada día
formas de pavor. El ha cumplido
amamantó sin tregua mis despojos
y hoy que he vuelto a que mire por mis ojos
es el Teuco, esta vez, quien me destierra.
El es joven aún. Tiene la suerte
de estar en mi pasado. Ni mi muerte
le podrá nunca devolver la tierra.
DATOS DE LEOPOLDO CASTILLA
Leopoldo Castilla nació en Salta, Argentina en 1947. En el año 1976 fue perseguido por la Dictadura Militar, y debió exiliarse en España.
Ha publicado los siguientes libros de poemas: El espejo de fuego (Salta, edición del autor, 1968); La lámpara en la lluvia (Salta, edición del autor, 1971); Generación terrestre (Salta, edición de la Dirección de Cultura, 1974); Versión de la materia (Madrid, Editorial Estaciones, 1982); Campo de prueba (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 1985); Teorema Natural (Madrid, Editorial Hiperión, 1991); Baniano (Madrid, Editorial Verbum, 1995), Nunca (Buenos Aires, Ultimo Reino, 2001), Libro de Egipto (Buenos Aires, Ultimo Reino, 2002).Línea de Fuga (Buenos Aires, Ediciones del Mono Armado, 2004), Bambú (Buenos Aires, Ediciones del Mono Armado, 2004) y El Amanecido (Buenos Aires, Ediciones del Mono Armado, 2005). Reediciones: El Amanecido ( Caracas, Venezuela, El Perro y la Rana, 2007) y Teorema Natural (Colección poesía, Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela, 2008)
En el año 2001 fue publicada una Antología del autor por el Fondo Nacional de las Artes de Argentina y en el año 2008 fue publicada una Antología Poética en Caracas, Venezuela, Monte Avila Ediciones.
En 1999 publicó El árbol de la copla (Buenos Aires, Ediciones del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos).
Como narrador ha publicado: Odilón (Salta, edición de la Dirección de Cultura, 1975), La luz naranja (Soria, edición de la Diputación de Soria, 1984), La canción del Ausente (cuentos, Rosario, editorial Ciudad Gótica 2006), El Arcángel (novela, Buenos Aires, Cátalogos, 2007).
Fue invitado por la Unión Soviética para escribir un libro que la Editorial Progreso de Moscú publicó en 1990 con el título Diario en la Perestroika. También es autor de Nueva poesía argentina (Madrid, Editorial Hiperión, 1987); Poesía argentina actual (Estocolmo, Editorial Siesta, 1988). La Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha editó en 1995 una antología de cuentos y pinturas de los niños de esa región española, realizada junto a Gabriel Castilla.
Recibió premios nacionales e internacionales. Poesía suya fue traducida al inglés, francés, italiano, sueco, portugués y ruso. Sobre su cuento La redada se filmó el largometraje homónimo dirigido por Rolando Pardo.
Por su libro Nunca recibió el Primer Premio de Poesía Año 2000 del Fondo Nacional de las Artes.
Recibió el Premio Municipal de Poesía de la Ciudad de Buenos Aires 1998-1999.
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