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Eduardo D'Anna - Zoológicos (2006)
2008-12-07 |
Zoológicos
Eduardo D'Anna
Córdoba, Recovecos, 2006
COMENTARIOS
“Breves poemas narrativos, en los que el punto de vista del observador se distancia de lo inmediato y de lo obvio…cada uno tiene el ritmo de las consideraciones del caminante y lo tiene la obra en su totalidad, en una suerte de pensamientos con música”.
[Bibiana Valorzi,“El Litoral” de Santa Fe, 22-3-07]
“Un libro que transforma la realidad cotidiana a través de un lenguaje no literario”.
[Carlos Schilling, Córdoba, “La Voz del Interior”, 15-4-06]
“Me gusta que la ironía esté al servicio de la ética; me gusta el vuelco setentista, esta vez sin ilusiones, pero con la misma pureza en la búsqueda.” [Luis Tedesco, en un mail personal, enviado el 11-12-06]
Poemas de: ZOOLÓGICOS
MINISTERIO DE MISTERIOS
No es fácil llegar. La impresión
es placentera, pero los precios
se disparan cuanto más dentro
uno se meta. Puede probarse
con las cuevas, gratis, pero
el problema es lo que se sueña
aquí: barato, con colores
planos. Todo es pequeño,
los sueños no tienen suficiente
espacio, pero el personal
es amable. Cerrado los lunes.
[Eduardo D'Anna, de Zoológicos]
CRIADERO DE LUCROS
Los lucros, seamos francos, casi
ni se ven: en grandes piletas
llenas de musgo, se crían
los que están en la etapa
primera de sus cambios.
Sólo el agitarse nervioso
de las aguas verduzcas, delata
al cardumen. Como de allí
son transportados mediante
la corriente a otro tanque,
tampoco los verá en esa ocasión.
Este nuevo criadero, inmenso,
por cierto no le permitirá
distinguir de la orilla lo que pasa
en el centro. En realidad, usted
sólo verá los lucros ya crecidos,
cuando muerden y matan.
(Y para esto le harán pagar
de nuevo). Un verdadero engaño.
[Eduardo D'Anna, de Zoológicos]
SÓRDIDOS EN CAUTIVERIO
En el por otra parte anodino
zoológico de Villa Emeteria
existe una maravillosa jaula
de sórdidos, cosa no muy frecuente.
Los sórdidos difícilmente pueden
vivir en cautiverio, más bien
deambulan solitarios, a orillas
de los ríos, asomándose a puentes
como con ganas de matarse.
Por supuesto, no lo hacen. En ellos
eso es tan sólo una forma
de reclamo sexual. Lo cierto
es que es difícil verlos tan de cerca.
Vaya casi a la noche,
que no haya mucha gente.
[Eduardo D'Anna, de Zoológicos]
ZOOLÓGICO DEL MAR
No, no es un acuario. No
se exhiben animales marinos.
Se exhiben mares. Y algunos,
ciertamente, muy grandes. (Pero
no océanos, por supuesto, qué cree).
Los mares están bien atendidos,
con una pileta dentro de cada fosa
para que se refresquen en verano.
Algunos son un poco huraños,
pida al guardián que los haga
salir, si están escondidos en su
cubil, por una pequeña propina.
[Eduardo D'Anna, de Zoológicos]
ZOOLÓGICO DE AVES EN VUELO
Es lo más lejos que han llegado
los partidarios de la vida silvestre
en su ahinco por tener a los animales
en las mismas condiciones de su hábitat.
La experiencia, por cierto, es fascinante:
le darán unos polvos para volar,
y usted podrá contemplar albatros,
kúas, gaviotas, águilas y cóndores,
y hasta un ñandú con espíritu
de iniciativa, que pudo modificar
lo que parecía un sino inamovible;
todos a muchos metros de la tierra
mientras les saca fotos, a su lado.
Se le provee de un paracaídas,
y de un seguro de vida. La organización
es excelente. Pero, a pesar de todo,
se han levantado protestas; se cansan
mucho los animales así.
[Eduardo D'Anna, de Zoológicos]
INSTITUTO DE NUBES
Si usted ya fue al parque de lluvias
no se pierda éste, que está a la vuelta.
En realidad, también es un criadero:
los cuidadores le explicarán cómo crecen
hasta llegar a lluvia, las nubes. Le mostrarán
cómo juegan y corren por un cielo
prepararado a esos fines. Hay, incluso,
una nube amaestrada para llevar
criaturas en el lomo, que puede alquilarse.
Las de tormenta están en el sótano,
hay que pagar suplementariamente para
verlas. Pero es un espectáculo.
Son nubes malas. Serán lluvias malas.
No deje de verlas (Sin cruzar
el vallado, lógicamente).
[Eduardo D'Anna, de Zoológicos]
HORA DE COMER
Ésta es la hora de la verdad.
Aquí se entiende
por qué se quedan. Los animales
acallan las protestas
mientras mastican. Y después
de tragar, no se ponen
a hablar de campos libres, de
bosques, sino de mejores
zoológicos, con comidas
mejores. Se envidia,
a lo sumo, un traslado; se deplora
alguna postergación.
[Eduardo D'Anna, de Zoológicos]
EL MEJOR MOMENTO
En las mañanas frescas del verano,
cuando reina todavía el silencio,
cuando cada animal se despereza
como si hubiera sido creado
hace un minuto, y no ha saludado
aún a sus compañeros de celda,
ni les ha dirigido cargadas
cordiales a los pájaros libres
(“vas fácil, vos”) ni la ansiedad
tomado su garganta, sus zarpas
salvajes; cuando las rejas
sólo semejan un adorno, cuando
todo parece ser posible.
[Eduardo D'Anna, de Zoológicos]
ESPERANDO LA LLUVIA EN EL ZOOLÓGICO
Todos estamos espectantes:
ha sonado un trueno.
Las jirafas, los monos colgados
de los barrotes, los guardianes,
nosotros mismos, todos
miramos hacia el cielo,
hacia los oscuros nubazos,
como si atrás de ellos
hubiera un tribunal que decide
nuestros destinos. Nadie
habla, arrulla ni parpa.
Nadie bala ni ruge,
ni brama, ni parlotea,
y la ansiedad nos mantiene hermanados
como en el Paraíso.
[Eduardo D'Anna, de Zoológicos]
VAMOS AL ZOOLÓGICO
Vamos al zoológico, amor,
y llevemos a los chicos.
Ellos deben saber de la variedad
de los proyectos de Dios. Deben
saber que nosotros no somos
su única apuesta. Pueden
deducir, acaso, que no hay
ningún dios, y que el azar rigió
estos resultados espléndidos;
que piensen lo que quieran.
Y después, que quieran
lo que piensan.
[Eduardo D'Anna, de Zoológicos]
DATOS DE EDUARDO D'ANNA
Eduardo D’Anna nació en Rosario en 1948. Participa desde muy joven en la vida cultural de su ciudad, de cuya historia literaria se ha ocupado repetidas veces, en especial en sus ensayos “Nadie cerca o lejos” (Rosario, 2005) y “Capital de nada” (Rosario, 2007). Es también novelista (“La jueza muerta”, Ed. De la Flor, Bs.As., 2001), y autor dramático. Ha publicado más de una docena de libros de poemas, entre ellos “Carne de la Flaca”, “La Máquina del Tiempo”, “Historia moral”, y “Zoológicos” (Córdoba, Recovecos, 2006).
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